Pseudónimos literarios (Por Celia Marchena Ocaña)
“Me atrevo a adivinar que ‘Anónimo’, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”.
Virginia Wolf
El 15 de octubre de 2021 tuvo lugar la gala de los premios
planeta, un título que se lleva la mejor novela del año con un premio de 1.000.000
euros. La ganadora fue Carmen Mola con la obra “La bestia”. Poco se conoce de
Carmen Mola. Apareció en el 2018 con su primera novela “La novia gitana”, que
sería la primera entrega de una serie. Luego vino “La red púrpura”, “La nena”
y, por último, “La bestia”, novela galardonada. Pero nadie sabía quién era
ella. Nunca daba entrevistas, y si las hacía, nunca eran presenciales. Ni
siquiera por teléfono. Podría parecer que Carmen Mola quería preservar su
intimidad de una manera un tanto severa, hasta que llega el día de la gala y se
destapa la farsa. Carmen Mola no es una mujer. Son tres hombres. Tres señores
con una trayectoria bastante amplia tanto en novela como en guiones
cinematográficos.
Durante el transcurso de la historia, muchas mujeres
tuvieron que usar seudónimos para poder publicar en un momento en el que la
literatura estaba reservada única y exclusivamente a los hombres.
Las hermanas Brontë (Charlotte, Emily y Anne) firmaban sus obras como Currer, Ellis y Acton Bell, respectivamente.
Matilde Cherner como Rafael Luna.
Mary Anne Evans como George Eliot.
Cecilia Böhl de Faber como Fernán Caballero.
Louisa May Alcott como A. M. Barnard.
Karen Blixen como Isak Dinensen.
Sidonie-Gabrielle Colette ni siquiera usaba un pseudónimo, sino que su propio marido Henry Gauthier-Villars se llevó el mérito de sus publicaciones.
Eso también ocurrió con Mary Shelley y su marido Percy Shelley o con María Lejárraga, escondida tras el nombre de su marido Gregorio Martínez Serra.
La misma Joanne Rowling, en pleno siglo XXI, se escondió tras unas
siglas por miedo a que no escogieran su libro si estaba firmado por una mujer.
El uso de los pseudónimos fue la única manera que
encontraron estas mujeres, a las que no les estaba permitido el acceso a la
literatura, poder contar al mundo que crear historias y darles vida con
palabras no viene implícito con el cromosoma Y.
Es ahora cuando estamos siendo testigos y partícipes, muy poco a poco, de una apertura de mente en los lectores para dejar a un lado los estereotipos de género y concentrarse en la lectura. Es ahora cuando las escritoras se están empoderando y está habiendo una mayor publicación y venta de obras firmadas por mujeres.
El problema de Carmen Mola no es que hayan usado un
pseudónimo para ocultar su identidad.
El problema no es que sean tres hombres los que han ganado.
El problema no es que la novela pierda o gane calidad por
ser hombre o mujer.
El verdadero problema es que las mujeres están ganando poco a poco un reconocimiento por parte de la sociedad, y vosotros, Agustín Fernández, Jorge Díaz y Antonio Mercero, habéis decidido utilizar vilmente la lucha feminista para vuestro propio beneficio.
Los hombres siguen teniendo muchos privilegios en todos los
ámbitos de la vida, y la literatura no se queda atrás. No hay dudas de la
calidad de la novela cuando hay un hombre en portada, pero sí las hay cuando el
nombre es de mujer. Y el trío que se escondía tras Carmen Mola ha demostrado la
poca empatía que tiene por sus compañeras de gremio.
A veces hay que pensar en un bien común antes que en el
beneficio propio. La desigualdad de género es responsabilidad de todos. Pequeños
actos marcan grandes cambios. La sociedad va avanzando con pasos muy pequeños,
casi inapreciables, y hay algunas actitudes que hacen que retrocedamos un gran
paso hacia atrás.
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